Batea

Pueblos y ciudades

Algunos historiadores han identificado Batea como una importante ciudad de Ilercavona (citada por Ptolomeo) conocida como “Adeba”. Hay dudas sobre este supuesto, pero es obvio que Batea, como el resto de las poblaciones de la comarca de la Terra Alta, es de origen protohistórico.

El yacimiento de la Torre Madrina de los s.VIII y VII a.C., es el primer indicio constatado de población a la zona. Hay también el yacimiento del Tossal del Moro que se trata de un poblado ibérico datado de entre el s.VII y principios del s.VI a.C. Al suroeste de la partida de Benufets, hay una gran población totalmente destruida con vestigios griegos, fenicios y romanos, conocida por el Coll del Moro del Borrasquer. Tiene una fuente muy cerca del recinto urbano, hoy prácticamente seca, y una gran balsa construida sobre roca viva. Algunas edificaciones más recientes recuerdan a viviendas de los labradores de los s.VI o VII.

También hay restos de un tramo de 3 km de la antigua vía romana que comunicaba el puerto de Dertusa (Tortosa) con las ciudades del interior de la provincia Tarraconense, como Ilerda (Lleida) y Cesaraugusta (Zaragoza). Esta vía era una alternativa al río Ebro durante el verano que traía poco caudal. El trazado se corresponde con el antiguo camino de los Massalocans, que va de Batea a la “Pobla de Massaluca”. Éstos son los únicos vestigios que restan de la época comprendida desde los romanos hasta la conquista cristiana dentro de la villa.

Después de haber tomado el territorio a los árabes, en 1153, Batea se cita por primera vez en un documento escrito de donación de Ramón Berenguer IV a los “Templers de Miravet”. En el año 1181 hay dos concesiones de Alfons I referentes a Batea y al río Algars, en las cuales se otorga la carta de poblamiento a los futuros residentes bajo el fuero de Zaragoza, pero a la vez concede los 2 castillos al caballero Bernat Granell, el cual ejerció la autoridad, pero pronto los templarios recuperaron el dominio de Batea y Algars y concedieron una nueva carta de población el 1205 a un grupo de 60 nuevos pobladores, y hubo nuevas cartas de poblamiento a territorios cercanos, el Valle Mayor, Mas de San Juan, los Massalocans, Pinyeres, etc.

Cuando el 1317, los “hospitalers” heredaron los bienes de los templarios, Batea, Pinyeres y Algars formaban parte de la Batalla de Miravet, la cual se conocería más adelante como la Castellanía de Amposta.

En el año 1358 hubo 214 incendios en Batea, 29 en Pinyeres y 22 en los Algars. Durante el año 1378, después de fuertes epidemias, Batea tuvo 94 fuegos, Pinyeres 33 y Algars 13. Pero durante los s. XVIII y XIX los 2 últimos núcleos fueron perdiendo población en favor de Batea, que se convirtió en una única población.

El pueblo se verá afectado a lo largo de los años por varios conflictos bélicos. Así en el s.XV, los partidarios de Joan II incendiaron la población. La guerra de los Segadores, en el s. XVII tiene un testigo contemporáneo en la figura de un ilustro bateano, el doctor de teología y rector de Gandesa, el Sr. Onofre Català, que explica como en enero de 1642 las tropas castellanas del marqués de la Hinojosa, que se dirigía a Flix con un ejército de 6.000 hombres, encontraron resistencia a su paso por el valle de Batea. La población se fortificó en la villa, entonces, amurallada y reforzada por soldados franceses y de la Generalitat de Cataluña. Después de 4 días de lucha, los castellanos entraron a la Villa Closa. Batea fue cruelmente saqueada y murieron unas 200 personas.

La jurisdicción continuó a manos de los “hospitalers” dentro de la Castellanía de Amposta, pero Algars ya no aparece en las relaciones del S. XVII. Según Miret i Sans, Batea y Algars constituyeron un comando hospitalero en el s. XVIII, dentro de la Alcaldía de Miravet, pero todos los bienes y las dominicaturas de la orden pasaron a la corona, en 1820, bajo el reinado de Carles IV.  Durante el S. XVIII la prosperidad económica y demográfica se hace patente en la construcción de la nueva iglesia parroquial de San Miquel. Las guerras carlistas volvieron a producir luchas y enfrentamientos en la villa. Durante la guerra civil, 1936-1939, la villa se encontraba a la retaguardia del frente del Ebro, pleno de hospitales de campaña.

Fuente: Ayuntamiento de Batea

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Fuente: [1] Willtron

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